En El Vientre de un Arquitecto

por Davide Garda

El siglo XVIII suele ser denominado como el siglo de las luces por los cambios sustanciales de pensamiento racional, basados en la aplicación del método científico. La expresión estética del movimiento se denominó “neoclasicista”, pues buscaba en la antigüedad modelos éticos y formales. Dentro del movimiento romántico-clasicista, tres arquitectos franceses destacaron por sus visiones utópicas y megalómanas y se les denominó como “revolucionarios” por el elevado valor artístico de sus diseños. La carga simbólica de sus proyectos combinada con atrevidas formas geométricas puristas desarrollo una expresión protomoderna que anticipó un siglo el lenguaje del siglo XX.

Sus nombres: Étiennne-Louis Boullée, Claude-Nicolas Ledoux y Jean-Jaques Lequeu, luego de alcanzar estrellato a nivel académico en la segunda mitad del siglo y hasta la revolución -a pesar de la denominación “revolucionaria”- fueron criticados por pertenecer a grupos culturales de la aristocracia y cayeron gradualmente en el olvido, relegados a figuras utópicas.

Los revolucionarios desarrollaron proyectos emblemáticos, verdaderos paradigmas de una sociedad en rápida evolución, igualitaria y gobernada por una burguesía iluminadad, laica, que se encontraba en el umbral de un cambio dramático y absoluto.
El texto fundamental de Emil Kaufmann, Tres revolucionarios arquitectos, Boullée, Ledoux y Lequeu, publicado en 1952, sirvió para que muchos pudiésemos acercarnos a la obra de estos tres franceses.

Plan Général de la Saline de Chaux

Me interesó la arquitectura visionaria de alto contenido social desarrolada por Claude-Nicolas Ledoux. Su inventario de edificios temáticos es inspirado por culturas occidentales y orientales

Su concepto de “ciudad industrial” fue orgánicamente diseñada y parcialmente construido y visible en las Salinas de Chaux. en la distribución del conjunto oval, los edificios de distintas tipologías quedan separados: la guardianía en la entrada y la magnífica residencia del director diseñada siguiendo un orden rústico y que gobierna el espacio alrededor del cual se genera una ciudad con su diferenciación de elementos y destinaciones de uso.


Sección

De Jean-Jaques Lequeu me atrajo lo inusual y altamente ecléctico de su arquitectura, cargada de episodios exóticos provenientes del oriente. Entre estas obras encontramos el Templo de la Igualdad, el de la Tierra, la Isla del Amor, el Templo de la Sabiduría.

Pero el más destacado, el gran maestro de los tres, es sin duda Étienne-Louis Boullée.

Boullée se distingue en su ejercicio académico y en realizar proyectos de gran envergadura que quedarían en su mayor parte, a nivel de diseño, no realizados. Museos, bibliotecas, cenotafios, palacios de justicia cuya visión sin paralelos inspirarían generaciones de arquitectos.


Mi acercamiento visual a la obra de Étienne-Louis Boullée la debo a Peter Greenaway, en su magistral película El Vientre Del Arquitecto. En ella se utilizan las mauetas de los edificios utópicos de Boullée en contraposición a la retícula romana del Nolli y las imágenes anatómicas humanas. Roma es vista con los ojos de Boullée, las calles de cada día son dejadas a un lado, nuestra atención es dirigida maníacamente hacia lo monumental: en Panteón, el Mausoleo de Augusto, el Coliseo,las Termas de Caracalla, etc. En la película, los arquitectos colegas del protagonista ven con sospecha la exposiciónd dedicada a Boullée, en gran parte debido a que éste fue fuente de inspiración para Albert Speeer, el megalómano arquitecto de Adolf Hitler.

Boullée elabora su Ensayo sobre el arte en los años de la Revolución francesa, presentando edificios paradigmas de una expresión formal que antecede el modernismo basada en formas puras, minimizando el lenguaje clásico. Se auto define el “arquitecto de las sombras” por su uso del claroscuro aplicado a prepotentes y contrastantes volúmenes.


Cenotafio

En 1784 diseña su obra mas destacada, el Cenotafio dedicado a la memoria de Newton, “genio vasto y profundo”, diseñado de tal manera que el féretro vacío ocupara el centro de la planta circular, correspondiente a la forma esférica del monumento. En esta obra Boullée representaría lo que la Ilustración lograba redefinir en cuanto a conceptos de libertad, individualidad y justicia. Boullée, en sus propias palabras describe este proyecto: “Si por la extensión de las luces y la sublimidad de tu genio has determinado la forma de la tierra, yo he concebido el proyecto de envolverte con tu descubrimiento”.

El Cenotafio es una obra de magna escala. La esfera mide 150 metros de diámetro. El ingreso es posibilitado por una apertura a lo largo de su ecuador, por lo cual uno entra a un universo interior que simula el vasto cosmos. Las perforaciones abiertas en la semiesfera superior permiten reproducir los patrones de las constelaciones, de tal manera que en pleno día, los haces de luz natural penetran e iluminan el interior de la esfera como si fuera la cúpula celeste de noche.

No a caso Immanuel Kant en su Critica a la razón práctica, refiriéndose a Newton y describiendo el Cenotafio diseñado por Boullée en honoe al gran genio comenta:

“Dos cosas llenan mi ánimo de creciente admiración y respeto a medida que pienso y profundizo en ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí. Son cosas ambas que no debo buscar fuera de mi círculo visual y limitarme a conjeturarlas como si estuvieran envueltas en tinbieblas o se hallaran en lo trascendente; las veo ante mí y las enlazo directamente con la conciencia de mi existencia.

La primera arranca del sitio que yo ocupo en el mundo sensible externo, y ensancha el enlace en que yo estoy hacia lo inmensamente grande con mundos y más mundos y sistemas de sistemas, y además su principio y duración hacia los tiempos ilimitados de su movimiento periódico.

La segunda arranca de mi yo invisible, de mi personalidad y me expone en un mundo que tiene verdadera infinidad, pero es solo captable por el entendimiento, y con el cual y en consecuencia al mismo tiempo también con todos los demás mundos visibles me reconozco enlazado no de modo puramente contingente como aquel, sino universal y necesario”.

Planta, elevación y sección